Desde que hace dos semanas se descubriera que el veterano inversor ,Bernard Madoff, podría haber defraudado hasta 50.000 millones de dólares –unos 38.000 € - a buena parte de la flor y nata del sector financiero y la alta sociedad de medio mundo; las emociones han sido fuertes. Primero, embargaba una sensación de sorpresa, luego surgía la incredulidad y posteriormente emergían la impotencia y la rabia. ¿Cómo pudo suceder esto? La fama le precedía. Ex presidente de la bolsa tecnológica Nasdaq y ex miembro del regulador bursátil SEC, Madoff era una leyenda en Wall Street. “Todo el mundo quería contratarle, en cualquier restaurante de alto postín o en los campos de golf más adinerados todo el mundo hablaba de él, haciendo referencia de cómo era capaz de devolver millones de beneficios”, aseguró uno de sus inversores.
Durante mucho tiempo, fue capaz de atraer fortunas ofreciéndoles rentabilidades que superaban el 10 por ciento, incluso en periodos de vacas flacas. Nadie quiso preguntar por los métodos de una firma tan opaca que sólo Madoff tenía acceso a sus cuentas y que utilizaba una auditora con dos trabajadores.Su toque mágico para las finanzas parecía a prueba de crisis. Encima, se suponía que sólo unos pocos podían participar de sus fondos, una exclusividad que le hacía aún más apetecible frente a los inversores. Pero en la magia había truco: una estructura piramidal en la que los beneficios entregados a los inversores se abonaban procedentes no de las ganancias, sino de los ingresos que efectuaban nuevos clientes.
Aparte de los clientes que, sin entender muy bien lo que ha pasado, van a ver sus ahorros desaparecer sin posibilidad de recuperarlos; el mayor damnificado de este caso será el sistema financiero global, ya que éste, se apoya en la intervención de millones de inversores que, gracias a su confianza en la integridad y transparencia del sistema, deciden actuar. Pero si no se han enterado de este caso particular, ¿se enterarán de otros próximos? ¿Podemos seguir confiando en sus funciones? Este rejón de desconfianza provocará , en primer lugar, un frenazo en la inversión del ahorro mundial y, en segundo lugar, mayores costes de supervisión y control, que saldrán de una u otra manera de nuestros bolsillos.
Las lecciones son claras: diversifique sus inversiones y desconfíe de aquello que se presenta solo para unos pocos y de todo lo que no se pueda explicar en pocas palabras.
lunes, 22 de diciembre de 2008
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